El arte de pincharse bien

Fertilidad

“Te pellizcas la zona y ahí te pinchas, cerca del ombligo”. La primera inyección del tratamiento de fecundación me la administró la enfermera, Teresa. Fue un visto y no visto. Un “súbete el vestido, te agarras aquí y así… con la jeringuilla recta”. Casi ni me enteré… bueno sí, me quedó un pequeño resquemor en la zona que duró unos pocos minutos.

Al formar parte de un estudio de fertilidad, salí de la clínica con todo el kit: inyecciones para ocho días, una neverita portátil, unas bolsas de gel helado, jeringuillas, toallitas desechables… Los siguientes días sería yo la que me pondría las inyecciones en mi casa.

Primer día.- Saco de la nevera las inyecciones y las dejo caldear a temperatura ambiente unos 20 minutos. Me coloco frente al espejo del baño, barriga al aire y jeringuilla en mano. Humedezco la zona con la toallita desechable y comienza el suplicio.

Ponerse una inyección es como quitarse la cera del bigote: “venga ya”,  “una, dos y tres… ya”, “uy.. ahora no… espera, espera…” “venga, vamos”…  Y así van pasando los minutos con la mano temblorosa y la aguja rozando la piel. Hasta que, con el tiempo justo para ir a trabajar sabes que no te queda más remedio que hacerlo. Cierro los ojos y… to padentro!! !!No duele pero… cuánta grima!! Uff, ya hemos pasado el trago por hoy. Mañana más.

Segundo día.- Repito la acción: saco la inyección del frigorífico, la dejo caldear sobre la encimera de la cocina y pasados 20 minutos, al baño. Otra vez frente al espejo y con la barriga al aire. Ésta vez decido pincharme sin pensarlo. “Un, dos tres… ya!” y noto cómo la aguja traspasa la piel y entra el líquido en mi barriga. Insisto, no duele pero es lo más grimoso que he experimentado en mi vida. Ese momento en que notas cómo la aguja atraviesa la piel… Sí, ya sé que es una aguja finísima y que no duele pero…, ufffff!!!!

Probé de todo: mirando, sin mirar… pellizcando fuerte la zona, sin pellizcar… a la derecha del ombligo, a la izquierda, arriba, abajo… Y así fueron pasando los días. Las mejores inyecciones sin duda las que me puso mi pareja. Esas sí que no dolieron. Así que, recomendación: si tienes cerca a tu pareja, déjate querer.

 

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